EL PARADIGMA DEL OBJETO EN LAS TOXICOMANÍAS:
UN CAMPO DE INVESTIGACIÓN DEL INCONSCIENTE.

RIVA BRITO de ALMEIDA Alba


Una cuestión fundamental destaca cuando se especula sobre el objeto.¿A qué nos referimos al aludir al concepto, significación o lugar del objeto como eje central de las toxicomanías?
Observando la "Estetica Trascendental" de Kant, hallamos la "categoria de la sensibilidad" definida como:"...la capacidad de obtener representaciones (receptividad) en función al modo en que somos afectados por los objetos" (1).
Para el Psicoanálisis, pensar en el campo del objeto, equivale a romper con el proposito de Universalidad de la comprensión consciente, el saber gobernado por el paradigma Cartesiano (yo pienso,luego existo) y por el método racionalista Kantiano. El Psicoanálisis se opone al clásica oposición explicación / comprensión, marcado por la lógica que articula lo racional al real, en la medida que el inconsciente es la "otra escena" morada de lo decir barrado, apartir de lo que las semi-verdades insinuan por las lagunas de la consciencia.
A pesar de la necesaria separación de la propiedad de la consciencia de domínio sobre el objeto (divulgado por el método racionalista Kantiano), no nos olvidamos de la noción de relación estructural entre sujeto y objeto, que en el Psicoanálisis está estructurado por un discurso cuyo foco es la ordenación de los elementos que estruturan el mundo simbólico. Estos, funcionan como referencias de campo que determinan el inconsciente y que es manifestado por su objeto. Através de este campo de lenguaje, recogemos los mecanismos que influyen en la subjetividad del hombre. Esta condición está garantizada por la anterior lógica del sujeto (el primero es hablado) y está afirmada en la relación entre el sujeto y el Otro.
De esta manera, ciertas posiciones constituyentes se basan en una red de significación, como una forma de inducción al goce, el cual orienta y modela las respuestas de adaptación, obediencia a las reglas de significación de un sistema, que en principio se muestra opaco para el sujeto, todavia asentado en las leyes que formalizan un discurso en relación al cual cada sujeto se muestra de una forma particular a partir de la pregunta: ¿Qué soy para el Otro?. A ese respecto, señalamos el paradigma del inconsciente, sostenido por el discurso del capitalista, el cual impone al sujeto un modo de goce que lo reduce a su faceta objeto, cuya determinación está sujeta a la estructura del sujeto y su constitución.
La anterior formulación nos advierte sobre un discurso que desemboca en una orientación concevida casi como "natural", en un principio de equivalencia del deseo a un objeto de satisfacción homogeneizada, objetos comúnes, socialmente compartidos. De esta manera, el sujeto en posición de objeto, esclavizado por el gozo del Otro (representado por la cultura), termina por constituir la elección por un objeto (esto se confunde con la Cosa supuestamente accesible), atribuyendole valor y cualidad en la creencia de su autonomía, pasando a mostrarse por el modo de goce que el objeto efectúa. De esta forma, el toxicómano se hace atributo de exclusión de esta relación con el Otro, reduciendo la significación de droga a objeto de consumo, significación que está gobernado por un campo simbólico que sostén un objeto de derecho siempre disponible, en un gozo sin interdicción.
¿Qué implica decir que los objetos de consumo se imponen al sujeto? ¿Será esto la misma lógica implicita del sujeto afectado por los objetos?, ¿Hasta qué punto el juego pulsional de desdoblamiento de los objetos, cuyo trazo inscrive la repetición, encuentra en sus fundamentos el lazo inevitable con el Otro?. Una respuesta dada por Lacan en la que la noción de lazo irreductible con el Otro apunta hacia lo UN de la relación sexual, relación plena que anula la diferencia entre sexos. De ese modo, la relación narcisista fundamental del amor compone el objeto como un todo. El toxicómano hace UN con la droga, hasta el punto en que todas las promesas de hacer UN con el Otro resultan imposibles ( lo imposible de la relación sexual, desespero del ser humano, siendo imposible enunciar este UN ). El toxicómano no utiliza la droga como una condición para obtener goce sexual. Esta, es la que evita la relación sexual, evita la incidencia de castración. La castración actua en la separación entre el sujeto y el Otro , abriendo una grieta esencial que lo convierte en sostén de deseo. Por tanto, la incidencia de castración produce una reversión de la prevalencia de la posición del objeto (objeto de goce del Otro), instalando la represión y la incidencia del sujeto afectado por el inconsciente, según la forma de goce determinado por este inconsciente, como efecto de lo real por lo simbólico.
Es evidente, por lo tanto, que el lugar asegurado por el Otro representa al toxicómano como esclavo de un amo que lo convoca a gozar cada vez más, exponiendo cada una de sus caras de consumo y de la circulación de los objetos.
¿A qué alude la afirmación de que el toxicómano es un esclavo? sino que en el discurso del maestro la ley está anotada como agente, ley inscrita en la estructura como imperativo categórico (Goza! ), elevando el objeto hacia una posición dominante (sujeto objetizado bajo una mirada superegóica), al mismo tiempo en que denuncia la amenaza de desaparición delante de este "Otro gozador" por la falta de garantia del Nombre del Padre, o por el modo particular en el que el significante Nombre del Padre está actuando en la estructuración del sujeto. La toxicomanía es un elemento de sustitución de la función Nombre del Padre, y es en verdad, una relación de suplencia del padre por la droga, que permite al sujeto aferrarse a ese otro que es la droga. En cierto sentido, se trata de una posición de trabajo cuando falla la relación de objeto con el padre, sirviendo como medio para el sujeto que se eclipsa de administrar la relación con el Otro.
El acto transformado en significante de la falta de objeto (objeto irremediablemente perdido, según Freud ), convoca al sujeto acéfalo de la pulsión a una exigencia de trabajo; acto ahora concevido como fractura frente a la exigencia de trabajar más. El deseo del analista es lo que posibilita la construcción de un tratamiento de demanda de tratamiento, hasta el momento en que ese cuerpo no se sumerja en una cuestión sin respuesta en la relación con el Otro, en forma de demanda imperativa que proviene de este. En cierto modo, colocar un cuerpo como centro de saber y de la verdad inconscientes, accediendo a una significación fálica, que le permitirá manejar, con los hilos de lo simbólico, el enlace del lenguajae con lo real de la experiencia de goce y con la consistencia imaginaria de la relación dual con la droga. De ahí concluimos que el sujeto afectado por los objetos expresa claramente un modo de goce particular del inconsciente especificado por la lógica del sujeto con lo simbólico, donde se establece el punto de enganche del sujeto a la pregunta que emana de el Otro, el Otro-testimonia que no es ninguno de los participantes (sujeto y objeto).
Los cambios en la conexión entre sujeto y objeto son promovidos en el punto de subversión de la búsqueda de uniformidad, de complementación de vacio, goce que borra las marcas de subjetividad y de la separación entre el sujeto y el Otro.
Se espera, con esta lógica, que la verdad de la diferencia se inscriba y se exprese.

NOTA BIBLIOGRAFICA:

(1) KANT, Immanuel. Critica da Razão Pura. Tradução : Manuela Pinto dos Santos e
Alexandre Frandique Morujão. Lisboa-Portugal : Fundação Calouste
Gulbenkian, 1985, pag.61.

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Traducción en Español de : Isaac García.


Salvador-Ba, setembro/2000