|
EL INCONSCIENTE ES ÉTICO
RINALDI Doris
Freud innumerables veces afirmó su desinterés por el campo
de la ética, que asimilaba al de moralidad, diciendo que las cuestiones
del bien o mal no lo afligían y se recusó a colocarse como
un profeta que trae soluciones a los problemas enfrentados por los hombres
en sus relaciones mutuas (Rinaldi,1996). Así, nada más extraño
a su postura que la idea de que el psicoanálisis pudiera presentar
la propuesta de una nueva ética.
Sin embargo, no podemos olvidar que Freud se ocupó ampliamente
de la moralidad a lo largo de su obra, en una perspectiva crítica,
desde las formulaciones sobre su origen y articulación al deseo
a la existencia de un conflicto básico entre las exigencias de
la pulsión y las restricciones de la moral civilizada. En "El
Mal Estar en la Cultura" (1930) admite que la ética debe de
ser considerada como una "tentativa terapeútica", de
orden superegoíca, para contener la agresividad entre los hombres.
Tampoco podemos desconocer que en las propias formulaciones presentadas
en "El Mal Estar", hay inmersa una postura ética, cuando
afirma que el psicoanálisis no promete la felicidad, ya que para
eso no hay nada preparado, ni en el microcosmo, ni en el macrocosmo. Al
reconocer que hay algo de incuestionable en nuestra propia constitución
psíquica que nos niega satisfacción completa e incita a
nuevos caminos, de un lado él reafirma la indestructibilidad del
deseo humano y, de otro, el principio de inadecuación que rige,
presentado desde el "Proyecto para una psicología científica"
(1895) en la división de la experiencia del objeto, donde situa
das Ding.
Esta es la línea que Lacan toma para abrir el campo del psicoanálisis
a la discusión ética y formular una ética del psicoanálisis.
Partiendo del "Proyecto", él encuentra en das Ding el
fundamento de una ética que coloca el deseo en el centro de la
acción humana, distinguiéndose radicalmente de la moral,
en la medida en que en su fondo no hay ningún bien para alcanzar.
En el Seminario sobre "La ética del psicoanálisis"(1959-1960)
profundiza su diálogo con la filosofia, de Aristóteles a
Kant, pasando por la Ética de Spinoza, para enfatizar la ausencia
de una ontología en la obra freudiana y proponer una ética
del deseo en que la acción humana esté orientada por una
referencia a lo real, concepto al cual asimila la noción freudiana
de das Ding, este "punto de fuga de toda realidad posible a alcanzar"(Lacan,
1988:31), responsable por la insaciabilidad del deseo humano.
Pero es en 1964, durante el Seminario sobre "Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis"que él hace la afirmación
que es objeto de este trabajo: "el estatuto del inconsciente, que
yo les indico tan frágil en el plano óntico, es ético"
(Lacan, 1979:37). Al presentar esta formulación, Lacan recusa toda
tentativa de darle al inconsciente una consistencia que soportase una
ontología, mostrando que no se trata de ningún ser, sino
de que "en alguna parte este inconsciente se muestra" (op.cit.:37).
Esta es la seguridad que mueve a Freud en su investigación, lo
que lo lleva a sustentar como postura ética del analista en la
conducción del tratamiento, la fé en el inconsciente. Esa
insistencia, que reconoce claramente en 1920 al afirmar que el inconsciente
no resiste, al contrario, está siempre forzando el paso, fornece
indicaciones para que podamos pensar el estatuto del inconsciente en cuanto
ético.
¿Cómo se da este paso? ¿ Cómo se muestra el
inconsciente? Freud nos enseña que el sueño es la vía
real de acceso al inconsciente, revelando no apenas que este es el campo
por exelencia del deseo, como también los mecanismos básicos
a través de los cuales este se articula en el trabajo del sueño.
Lacan vió ahí juegos significantes y, a través del
recurso de la linguística, presentó la fórmula de
que "el inconsciente es estructurado como un lenguaje", inserido,
en el sendero de Freud, el inconsciente en el campo simbólico.
En este sentido, el inconsciente es un saber.
A su vez, al demostrar la existencia de otra racionalidad que escapa a
la consciência, Freud revela que existe un pensamiento en el sueño,
abriendo camino para suponerse un sujeto de este pensar. Es lo que Lacan
introduce a través de una teoría del sujeto del inconsciente,
e que equivale a subvertir la concepción de sujeto de la tradición
filosófica..
Estos son avanzos importantes realizados por Lacan que, tomando la vía
abierta por Freud, promueven una renovación del concepto del inconsciente,
principalmente después de la psicologización que sufrió
la teoría freudiana en las manos de los pos-freudianos.
Pero, ¿ cuál es la contribución más efectiva
que él trae al afirmar que el inconsciente es ético? Si
por los juegos significantes, en una estructura del lenguaje, en que el
inconsciente se dice un saber, él gana alguna consistencia, es
justamente para la radical falta de consistencia que Lacan señala
cuando sustenta el estatuto ético del inconsciente.
A partir de lo que Freud trae en las formas de psicopatologia de la vida
cotidiana, en los actos fallidos, en los lapsos, en los chistes, y en
el límite que el ombligo del sueño, coloca a la interpretación,
Lacan afirma el caracter evasivo, inconsistente del inconsciente. Él
surge justamente en los cortes, en las descontinuidades del discurso comum,
en la otra cena que el sueño evoca, donde el deseo aparece bajo
la forma de enigma. En esa articulación es la dimensión
real del inconsciente que se destaca, donde el inconsciente pasa a ser
definido como lo no-realizado, o no-nacido, pero que queda "en espera
en el área" (Lacan, op.cit.:28), queriendo realizarse. Si
lo real es lo que existe al simbólico, él, sin embargo,
insiste, en la medida en que "no cesa de no escribirse" y, en
ese sentido, pide simbolización.
Se trata de la función de la causa, de lo real como causa del movimiento
inconsciente donde el deseo teje su trama, extraño e íntimo,
en este lugar que Lacan designó de extimidad. Es este enigma que
causa el deseo de Freud al escuchar las histéricas, en el momento
inaugural del psicoanálisis, y que sustenta ese deseo a lo largo
de su obra, donde mantiene abierto un no saber sobre el femenino. En ese
sentido, Lacan tiene razón cuando dice que, más que la búsqueda
de una verdad definitiva finalmente descubierta, la pasión de Freud
se dirige a lo real.
Fundamentalmente, es a lo real a lo que se refiere, por ende, la afirmación
de que el estatuto del inconsciente es ético. Por eso él
distingue bien lo que es del orden del juego combinatorio que opera de
manera pre-subjetiva, permitiendo percibir ahí algo de accesible,
del orden del saber, y aquello que la experiencia freudiana trae de más
genuino con respecto a la función de la causa, una vez que ella
implica el deseo y, en esse sentido, el sujeto.
No se puede, con todo, separar lo real de lo simbólico , ya que
lo que nos interesa como analistas es un sujeto que emerge cuando una
verdad como trazo de deseo hace su camino. El énfasis es en el
trazo como marca, cicatriz, donde el encuentro con el inconsciente asume
la forma de un hallado que provoca sorpresa, espanto. Lo significante,
vaciado de sentido, surge como un "pasador de lo real", interrumpiendo
el saber y provocando un desplazamiento del sujeto. Es para este punto
limítrofe, litoral, de junción entre real e simbólico
que apunta la definición del inconsciente como ético, contribución
de Lacan que no puede ser olvidada por cualquiera que desee sustentar
la ética del psicoanálisis.
Referencias Bibliográficas
FREUD, S. "Projeto para uma psicologia científica" (1895),
Obras Psicológicas Completas, Ed. Standard Brasileira, Rio de Janeiro,
Imago Ed., 1976.
_________ "O mal-estar na cultura" (1930), Obras Psicológicas
Completas, Ed. Standard Brasileira, Rio de Janeiro, Imago Ed., 1976.
LACAN, J. Seminário VII: A ética da psicanálise (1959-60),
Rio de Janeiro, Jorge Zahar Eds., 1988.
_________ Seminário XI: Os quatro conceitos fundamentais da psicanálise
(1964), Rio de Janeiro, Jorge Zahar Eds., 1979. .
RINALDI, D. A ética da diferença: um debate entre psicanálise
e antropologia, Rio de Janeiro, Jorge Zahar Eds., 1996 .
|
|