La Invención del Inconsciente y el Fenómeno Psicosomático HEINRICH Haydée En la Conferencia de Ginebra sobre el Síntoma, en respuesta a una pregunta, Lacan hace una indicación a primera vista sorprendente respecto a la cura de la psicosomática: "podemos esperar que el inconsciente, la invención del inconsciente, pueda servir para algo". (1) Voy a intentar desplegar cómo podría entenderse esta afirmación, ya que creo encontrar allí, efectivamente, una recomendación lacaniana precisa acerca del abordaje clínico de la difícil cuestión del fenómeno psicosomático, en la medida en que no es una formación del inconsciente. A mi modo de ver, esta afirmación de Lacan de 1973 puede argumentarse desde la lógica desplegada desde el Seminario XI respecto del surgimiento del significante en el campo del Otro, con sus consiguientes efectos de alienación y afanisis. Es en el contexto de estas reflexiones que Lacan va a plantear que en el fenómeno psicosomático "la inducción significante a nivel del Sujeto ha transcurrido de un modo que no pone en juego la afanisis del Sujeto". Y un poco más adelante reitera que allí "ya no podemos más tener en cuenta la función afanisis del Sujeto". (2) A los fines que nos ocupan, entiendo que es conveniente diferenciar el "efecto" afanisis - en tanto efecto de la alienación significante, y definido por Lacan como la desaparición del Sujeto bajo los significantes que lo representan - de la "función" afanisis, que sería un tiempo posterior y que consistiría en la puesta en juego de esa desaparición. Esta función afanisis - que no puede ya ser tenida en cuenta en el fenómeno psicosomático - consiste en interrogar los significantes de la demanda del Otro con la propia desaparición (aprendida en el tiempo precedente, el tiempo de la alienación significante) ¿puedes perderme? Solamente la puesta en juego de la función afanisis permite descompletar la inducción significante proveniente del Otro; así, mediante la función afanisis el Sujeto ataca la cadena significante del Otro en su punto más débil, el del intervalo(3), haciendo aparecer allí el deseo del Otro, más allá de su demanda. Es en la lúnula que intersecta la falta del Sujeto y la falta del Otro que Lacan nos enseña a situar al Incosciente. Por el contrario, cuando la función afanisis no puede ser puesta en juego, es decir, cuando los significantes del Otro no pueden ser interrogados, no puede aparecer el intervalo entre S1 y S2 y "la primera pareja de significantes se solidifica, se holofrasea". (4) Creo que la particularidad del fenómeno psicosomático consiste en que, cuando esto sucede y cuando además esa inducción significante no interrogada tiene la característica de interferir con una función biológica, ésta puede verse afectada. Al igual que en el caso del perro de Pavlov, quien "al no ser hasta el presente un ser que habla, no está destinado a poner en cuestión el deseo del experimentador" (5) , también en el parletre, el goce del Otro puede ser vehiculizado por una demanda que -lejos de recortar un objeto pulsional- apunta a lo real del cuerpo y que, al no ser interrogada se vuelve holofrásica, pudiendo de este modo afectar una función biológica. Sin embargo, no es el significante holofrásico quien produce directamente la lesión, cosa que sería difícil de pensar, solamente tiene la capacidad incuestionable de alterar la función biológica. Por lo tanto, a los fines de pensar nuestra incidencia clínica desde el psicoanálisis, creo que es válido diferenciar un primer tiempo en el que la inducción significante holofrásica puede alterar el ritmo y normal desempeño de una función biológica, y un segundo tiempo, en el que ese funcionamiento alterado, dislocado, puede lesionar lo real del tejido. Basta con pensar en las consecuencias que puede tener sobre el organismo, p.ej. que la secreción gástrica -destinada a desintegrar un trozo de carne- actúe ante el sonido de una campana erosionando las paredes del estómago. Ahora bien, si esta cuestión nos interesa es porque, como sabemos, funciones biológicas hay muchas, desde el sencillo ejemplo de la secreción gástrica del perro de Pavlov hasta las más complejas regulaciones del sistema autoinmune y podemos suponer que todas ellas podrían verse afectadas de este modo. (6) Cuál será la función biológica elegida, dependerá seguramente de las modalidades de goce del Otro, sea sobre el aparato digestivo, respiratorio, la incidencia de la mirada del Otro sobre la piel, etc. Esta presencia del Otro sobre un cuerpo al que no permite funcionar solo, iniciada probablemente en un tiempo en el que el Sujeto no cuenta aún con recursos como para interrogar ese goce, hace que esa función biológica difícilmente pueda ser olvidada como para adoptar un funcionamiento autónomo. Sin embargo, también existe otro tipo de lesiones en las que el goce del Otro no se concentra en una particular función del organismo, sino que ejerce sobre el Sujeto una presión que - al no ser interrogable - se hace igualmente excesiva. ¿Cómo pensar por ejemplo la hipertensión arterial, las afecciones cardíacas o las enfermedades autoinmunes? Tal vez en estos casos la presencia del Otro produzca esa perplejidad orgánica comunmente conocida como "stress", a la que Lacan se refiere en el Seminario X, y que tendrá asimismo la capacidad de alterar los distintos órganos involucrados. (7)(8) Volviendo entonces a nuestra pregunta de inicio, diremos que, cuando una demanda del Otro, algún acontecimiento traumático, alguna pérdida sufrida por el Sujeto, alguna irrupción de lo Real no pudo ser interrogada y no aparece en consecuencia el intervalo entre los significantes, esos significantes habrán dejado de comportarse como tales, habiendo pasado a ser puros signos plenos de sentido. Ya no serán aptos así, para producir metáfora ni metonimia, y en consecuencia ya no podrán ser tramitados mediante las formaciones del inconsciente. Serán signos holofrásicos que habrán dejado fuera de juego al Inconsciente que deberá ser reinventado en el análisis. No poder responder con la liviandad del significante, con la equivocidad
del significante, produciendo formaciones del inconsciente, deja al sujeto
indefenso y la demanda del Otro puede impactar directamente sobre el cuerpo.
Creo que la idea es poder interrogar ese signo, reintroducir allí la dimensión del significante y del malentendido, poder levantar el peso aplastante del signo que no pudo ser cuestionado. Interrogar esas demandas junto al Sujeto, como para que puedan ser tramitadas por la vía significante y de las formaciones del inconsciente.
Buenos Aires - Argentina |