LA ENSEÑANZA TEÓRICA Y EL DISCURSO DEL MAESTRO

FERRER Norberto


En todo diálogo la instancia del yo siempre impone la función y los modos que son los propios de la relación imaginaria que lo conforman. Estos modos están representados por la necesaria oposición al otro, y tienen como objetivo soportar los ideales de autenticidad y de no dependencia de ese otro, que configuran a dicho yo, consiguiendo así aparentar una autonomía y dominio absolutos. Este yo paranoico (que se cree Ser) necesita para sus fines sostenerse en la ostentación y en la mentira, reforzando así la constante denegación del desconocimiento, las limitaciones, las imposibilidades, en fin, la castración del propio sujeto.
Con este yo engañoso contamos cuando nos proponemos la enseñanza de cuerpos de doctrinas y conceptos, incluso los psicoanalíticos. Toda pedagogía se inclina hacia una operación de dominio donde el educador, desde un lugar ideal, pretende moldear con sus conocimientos a los sujetos, a imagen y semejanza de sus tesis. El furor educandis posee a los maestros en su afán de inculcar (del latín: apretar una cosa pisándola) e introducir a los alumnos un saber textual y enciclopédico. El deseo del maestro es el de instaurar una ley donde el conocimiento se dirija hacia una Meca incuestionable de invención de más saber racional. Mal camino , si es el único, para las escuelas psicoanalíticas si además prometen una formación diplomada y exigen una disciplina uniforme de fidelidad corporativa.
A partir de Freud y con Lacan, hoy concebimos el complejo puzzle de la enseñanza del psicoanálisis como dos capítulos imprescindibles, inseparables e interdependientes: la orientación teórica y la experiencia práctica. En la formación teórica distinguimos: 1º: el estudio de los textos, 2º: el trabajo con otros colegas en las Asociaciones, 3º: la relación con los docentes, y 4º: la participación en carteles. La enseñanza teórica esta marcada, de forma preponderante, por el discurso del maestro y su correlato imaginario e ideal.

LA EXPERIENCIA PRÁCTICA Y LA TRANSMISIÓN
En la experiencia práctica señalamos: 1º: el psicoanálisis personal del analista, 2º: la práctica clínica en la escucha de analizantes, 3º: la supervisión de sus casos, y 4º: el acto de pase clínico y social. Estos cuatro aspectos de la práctica tienen en común la vivencia de la transferencia - como puesta en acto del inconsciente - y su imprescindible y posible trabajo, así como la vivencia práctica de la castración y la falta. Estas circunstancias crean las condiciones necesarias para la transmisión.
La práctica del psicoanálisis transmite que el deseo inconsciente no se puede gobernar, ni educar, ni domesticar. El discurso yoico contiene y deja paso, inevitablemente, a formaciones inconscientes que pulsan por retornar de lo reprimido y expresar la verdad del deseo, provocando un nuevo sentido para quien pueda escucharlo como si se tratara de la pintura de un fresco, que esconde y asoma en sus pinceladas, en sus expresiones, en sus titubeos, los dibujos preliminares o sinopias, cuya lectura revela a veces las intenciones primeras del pintor, y modifica el sentido del texto pictórico.

REINVENCIÓN DEL PSICOANÁLISIS

Cada analista necesita reinventar el psicoanálisis, que se encuentra enlazado en el legado teórico, la práctica psicoanalítica y el lazo social institucional. Reinventar quiere decir: 1º) a nivel teórico: la lectura e interpretación que cada uno pueda hacer, según su momento de análisis y de la transferencia con los textos y los enseñantes. También los aportes que pueda brindar a la teoría, generados por su propio trabajo clínico e institucional con otros analistas; 2º) a nivel de la práctica clínica: según la propia elaboración de su castración y su fantasma y la articulación teórico-clínica que pueda devenir de ello; 3º) a nivel institucional: pasando inevitablemente en el lazo asociativo por las dialécticas de alumno-maestro, analista-analizante, por las exposiciones, las autorizaciones, las nominaciones, las enseñanzas, las transferencias y la transmisión.

EL DISCURSO PSICOANALÍTICO Y EL ACTO DE TRANSMISIÓN

El dispositivo psicoanalítico crea las condiciones para la inauguración de un nuevo discurso que permite aprovechar los efectos de esos nuevos sentidos o del sin sentido revelado, y que le permiten al sujeto saber sobre las condiciones de su deseo y las estereotipias de sus goces.
En oposición al discurso yoico (oposicionista, mentiroso, ostentoso y denegatorio) y al discurso superyoico (impositivo, controlador e ideal), el discurso analítico pone en juego y permite saber sobre las pulsiones y los significantes que nos configuran desde el comienzo de nuestras vidas, y que en constante accionar inconsciente se repiten, transfiriendo un pasado olvidado o reprimido, al vínculo analítico.
Esta puesta en acto del inconsciente en análisis revela que lo que en realidad se puede transmitir es una falta; algo que tiene relación con el deseo inconsciente y con sus causas, así como con el goce enigmático y con lo real de la pulsión. Los otros discursos que soportan el vínculo social: el del maestro, el universitario y el histérico, son diferentes maneras de no querer saber de la castración, diferentes formas de tratar lo real y la imposibilidad de la relación sexual. De allí la resistencia al psicoanálisis y el auge de las religiones y de la ciencia.
Todo acto de transmisión bajo transferencia es un acto analítico y revela que el discurso psicoanalítico lo determina. Sólo el acto admite la dimensión de lo real y su articulación con lo simbólico. El acto de transmisión suele constatarse en una sesión de análisis, en una supervisión, cuando puede desatarse la sutura que el punto ciego representa, o durante el pase social, cuando el pasador puede hacer de "medium" transmisor, desde el pasante al cartel del pase, de las vicisitudes de un deseo de analista insobornable, cuya causa evidente es su pulsión. El discurso psicoanalítico determina las condiciones para que un lapsus (en boca del analizante o del analista), una intervención, una escansión, una interpretación pueda tener valor de acto analítico permitiendo al sujeto reencontrar su división de sujeto inconsciente entre el saber de las palabras y el goce perdido que imagina recobrar en el fantasma. A partir de allí, el sujeto sabe: algo más en relación con lo que le falta, y que él mismo, como hablanteser, es consecuencia de dicha falta. Es esto lo que se transfiere o transmite en el análisis personal, en la práctica clínica, en la supervisión y en el pase. También puede asomarse en el lugar del más uno en el cartel y en el estilo de enseñanza de unos pocos colegas y maestros que enseñan algo de la falta, algo que se pierde y que los sitúa, en esa enseñanza, en la posición de analizante. Desde este lugar, su discurso tiene efecto de acto y puede transmitir esa falta que tocará un saber inconsciente en el otro y lo pondrá a trabajar por el psicoanálisis. La ética de la falta, de lo real, de lo imposible, de la inexistencia de la relación sexual, marca ese acto como efecto de apertura del inconsciente.