INTERPRETACION Y FORZAJE

FEINSILBER Edgardo


Freud diferenciaba en la labor analítica a la interpretación de la construcción. Nuestra propuesta será la de proponer otra mirada sobre esta cuestión, y suplementar una dimensión llamada por Lacan del forzaje, en la renovación del efecto de sentido.
En el análisis hacemos existir el discurso analítico por medio de la interpretación. Si el analista es el que interpreta, lo hace para impulsarlo un poco en el sentido de lo interpretado sin imponerlo: es su-gestión.
Como el deseo lo es del Otro y por ello indestructible, opera de causa en tanto lógicamente anterior, y su presencia en el sujeto lo muestra ya articulado; cuando la interpretación que es del deseo, toma su lugar, lo hace parcialmente. Así aún cuando algo del deseo resta no interpretado, la interpretación permite atravesar su soporte fantasmático desplegado en angustia, inhibición y síntoma, los que construyen una parte de la realidad, la subjetiva. Pero esto, aclara Lacan, "no arregla nada, ya que no es del todo seguro que el deseo que hemos interpretado tenga su salida"(14/12/66). Pues resta otra parte de la realidad, ésta no subjetiva.
Un semestre más tarde en su seminario sobre el acto analítico (29/11/67), continúa ahondando sobre la dimensión interpretativa en dos operaciones, el descifrado y la retraducción: el descifrado puesto que nuestra interpretación lee de otra manera un supuesto encadenamiento de lo que se considera una articulación significante; la retraducción porque la inscripción significante es ya la traducción de algo. La cuestión es que la interpretación no se aplica sobre una organización significante, ni es una operación que como una revelación haga aparecer desde lo oculto algo como un dibujo preexistente.
Por el contrario la interpretación con su carácter evocativo y su virtud alusiva tiene que ver con la operación del significante, donde lo interpretado existe desde su enunciación, y sus efectos apunten a la renovación de lo llamado impropiamente sujeto -pues depende tan enteramente del Otro (Seminario 17: 26/11 y 17/12/69, 14/1 y 11/3/70).
En cuanto al lugar, la estructura y los medios con los que interviene la interpretación decimos que si la interpretación analítica va contra del sentido común, si se estructura como un saber en tanto verdadero, lo es por lo que se añade a los significantes S1 y S2 entre los que está dividido, en los que repta y circula la dimensión subjetiva, para provocar un efecto de sentido; y cuenta para su formulación con el enigma y la cita, la cita como medio decir que apela a la existencia del Otro en lo dicho; el enigma como un lugar del saber del goce del Otro, en la enunciación.
Freud en 'Análisis terminable e interminable' nos puntúa que para poder influir en un conflicto pulsional, éste debe ser actual, y en tanto tal, exteriorizarse: "Preparamos el camino al hacer consciente por medio de interpretaciones y construcciones...". Esto es retomado en 'Construcciones en el análisis', más ahora planteando que en nuestra praxis estos medios de reconstrucción que sólo hacen a una labor preliminar.
La interpretación lo es de una formación de lo inconsciente, como una asociación o un lapsus, es decir de detalles; la construcción es una conjetura sobre un fragmento de una prehistoria olvidada, que si se aproxima a lo verdadero obtiene como respuesta en el analizante un incremento en la manifestación de sus síntomas.
¿Por qué nos decía allí que construcción es la designación mucho más apropiada?. Aquí parece que subsume lo que se considera como interpretación bajo la categoría de la construcción. Y es porque en ambas la tarea del analista consiste en sugerir un sentido. La interpretación ensayada de Freud a un analizante fue, que en su sueño, "Jauner" (apellido) quería decir "Gauner" (hampón) pues ambos se pronunciaban igual en el lenguaje popular , es decir con 'i'; ella fue confirmada con un intento de contradicción que deparó un fallido: "Gewagt" (aventurado, atrevido) pronunciado con 'i'. Más allá de la confirmación indirecta, se trata de un cruce de lenguas por el que se intraduce forjando un sentido.
¿Pero dónde llega este camino? Para abocarnos a esta interrogación, comencemos comentando lo que propone Lacan en el camino del forzaje, en sus clases sobre el saber del analista (4/5/72). Allí planteaba que nuestra posición no es nominalista en tanto que no pensamos dialécticamente en las representaciones del analizante, sino que debemos intervenir en sus dichos "procurándole un suplemento de significante. Es lo que se llama la interpretación". Es decir que de lo alusivo y lo evocativo, del descifrado y la retraducción, pasamos al suplemento de significante en la consecución de la reconstrucción freudiana, allí hasta donde lo inconsciente alcanza. Es el significante uno-en-más por el cual no hay universo del discurso, y que se escribe S(A/ ).
"¿No será que uno se engaña en la elección de las palabras? ... Pero sería totalmente excesivo decir que el analista sabe de qué modo operar. Lo que sería necesario es que sepa operar convenientemente, que pueda darse cuenta de la pendiente de las palabras para su analizante, lo que incontestablemente ignora" (Seminario 25: 15/11/77). También unos meses antes en su Seminario 24 sostenía: "Si uds. son psicoanalistas verán que son esos forzajes por donde pueden hacer sonar otra cosa que el sentido... Pero con la ayuda de lo que se llama la escritura poética, pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica ... hacer dos vertientes, lo que enunciamos siempre, es la ley del discurso como sistema de oposiciones; es incluso eso lo que nos sería necesario superar" (19/4/77).
Su proposición renovadora es la de que sólo la poesía permite la interpretación, y por no ser suficientemente poeta no se llega más lejos en la praxis (17/5/77).
Lo estructurado sin historia es la interpretación de una formación de lo inconsciente como efecto del retorno de lo reprimido, y se complementa con la construcción en tanto estructurada con historia: ambas son las de un decir que posiciona a un saber en tanto verdad. Si esto es incalculable en sus efectos, lo es pues su único sentido es el del goce fálico, obstáculo insalvable para que pueda escribirse la relación sexual. De ahí que la interpretación o la construcción hallan su límite en el sentido producido en la continuidad consciente-inconsciente; así la transmutación subjetiva que provoca es consecuencia de un trabajo: el que logra descifrar las repeticiones, pues el resonar de la lucubración de lo inconsciente da pie a su traducción por introducir algo, el S(A/ ) que opera como significación.
Así el alcance interpretativo es el de la univocidad del sentido único, el fálico de una lengua determinado por F, el Falo Simbólico. Pero con esto se hacen dos vertientes, la del sonido subsumida a la del sentido, pues se jerarquiza lo fonemático aunque la interpretación no está hecha para ser comprendida, sino para provocar oleajes de sentido.
Cuando Lacan nos orienta a superar esta sub-posición por ser dialéctica, opositiva y predicativa, sostenida en la père-versión del amor a los Nombres-del-Padre, nos propone unir estrechamente el sonido y el sentido para lograr un mínimo y poético doble sentido. Lo que esta ética de la "phonación" alcanza - tal como lo plantea R. Harari en 'Les noms du Joyce', L'Harmattan, París,2000 , o '¿Cómo se llama James Joyce?', Amorrortu, Bs.As.1996 -, se hace posible con la elongación de las lenguas, intraduciendo con el forzaje, para hacer sonar las letras que vienen de una escritura, no la de los significantes articulados por una cadena metafórica.
Es lo que Lacan llamó la materialidad de lo inconsciente - como intento desplegarlo en 'Goces y materialidad de lo inconsciente' Catálogos, Bs.As.,1998-. Entonces con el forzaje de lo estructurado posibilitamos la indeterminación prediscursiva de la variedad de la verdad, y el saber-hacer que alcanza es el de la invención de algo por la que se logre responsablemente un nombre propio.