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La transferencia es la puesta en acto de la realidad -sexual-
del inconsciente
DINERSTEIN Aida
Si la praxis que llamamos psicoanálisis se diferencia de cualquier
abordaje psicoterapéutico esto es en virtud de su apuesta en cuanto
a la existencia del inconsciente y de la transferencia.
Inconsciente y transferencia no son conceptos que denotarán ninguna
entidad positivizada y solo se puede dar cuenta de sus efectos en tanto
articulados como discurso -un discurso tal que implique al sujeto. De
allí que, tanto para lo que es del orden del inconsciente como
de la transferencia, diremos que su estructura es de lenguaje, en lo que
son homólogos, en tanto que la función sujeto es función
relativa a la función de la palabra.
Es esta función, la de la palabra, en tanto palabra que compromete
al cuerpo, la que, de una homología de estructura, permite diferenciar
transferencia de inconsciente, pudiéndose entonces concluir que:
si la transferencia, entendida como función sujeto supuesto saber,
es la puesta en acto de la realidad del inconsciente, el hecho de que
pivotee alrededor de la función de lo que no tiene representación,
a saber, el objeto a, modificará sensiblemente la fórmula
antedicha mediante un término. Término, el de sexual, que,
al incluirse, resitúa todos los otros. Entonces tendremos que:
si, ahora, la transferencia es la puesta en acto de la realidad -sexual-
del inconsciente, será en virtud del carácter sexual de
esta realidad del inconsciente, en tanto puesto en acto, que la transferencia
podrá ser conducida hacia su fin.
En otras palabras: la transferencia, en tanto función sujeto supuesto
saber, si bien posibilitará el despliegue del discurso, será
llevada hasta el punto en que se revelará obstáculo a la
existencia misma del inconsciente en tanto experiencia para el sujeto
del hecho de su división. Transferencia como resistencia, el acto
psicoanalítico reducirá el sujeto supuesto saber a la función
del objeto a.
Plantear el inconsciente en cuanto relativo a su existencia es correlativo
del hecho de no suponerle ninguna realidad de carácter óntico.
No sostendré, sin embargo, su carencia de entidad en su carácter
ético, sino más bien, en el hecho de su existencia en tanto
realidad sexual. Entiendo que plantear las cosas por este sesgo es congruente
con la importancia que tiene, en la doctrina y para los efectos de ésta
en la práctica , la consideración de la dimensión
de lo real. Dimensión de lo real que afecta, específicamente,
al término de sujeto. Nada más real que el sujeto. De donde,
si bien seguiremos sosteniendo que el sujeto no es sino lo que un significante
representa para otro significante, será función de la letra
la inscripción del significante como tal. Que el significante se
inscriba no es sino que éste se implante en el cuerpo lo que supone,
por otro lado, que esta implantación del significante en el cuerpo
es consecuencia de que la articulación significante quede ordenada
como discurso. Operación, ésta también, instrumentada
por la letra. (Recordemos la proximidad de estructura entre letra y objeto).
Si es en análisis, o sea en transferencia, que el inconsciente
se ordena en discurso, el inconsciente deberá entenderse como ese
saber hablado afectado por y que afecta al cuerpo. Es en la dimensión
de discurso que se articula un campo de lenguaje a la función de
la palabra en su valor performativo en tanto presencia pulsional de sujeto.
Dimensión real, sexual, de la experiencia.
Entiendo que la noción de discurso permite la articulación
entre una estructura relacional, relativa al lenguaje, y una estructura
topológica, concepción del espacio relativa al cuerpo que
interesa al psicoanálisis.
Entiendo también que es en la formulación del inconsciente
ordenado en discurso, o sea, en el inconsciente en tanto saber desplegado
en transferencia, en la que la función del objeto ordenará
la experiencia, que será posible considerar una lógica necesariamente
articulada a la gramática, manera en que Lacan articula las dos
tópicas freudianas, inconsciente y Ello, lógica del significante
atravesada por la gramática pulsional, articuladas como lógica
del fantasma.
El analista está llamado a ocupar un lugar diferente de aquél
en el que es requerido. Requerido como sujeto supuesto saber, su acto
él lo opera en tanto ocupa el lugar de semblante del objeto. No
por no estar comandando desde el inicio toda la operación analítica,
el objeto no deberá ser producido en el fin del análisis,
como aquel objeto que no es el suyo (del psicoanalista) "sino aquél
que de él como otro requiere el psicoanalizante para que con él
sea de él arrojado". Si el psicoanalista está en alguna
parte es en el punto en que él existe, punto en que él existe
en tanto sujeto dividido y en que él sostiene su acto de psicoanalista
no sin la experiencia del psicoanalizante que ha sido. (La cuestión
de la existencia es relativa, por lo tanto, a la experiencia de la división
subjetiva que guarda relación de estructura con la función
del objeto a, en particular en su dimensión de objeto causa. La
vía privilegiada para hacer referencia de esta experiencia es la
vía de la letra.)
Considerar la cuestión de la existencia como relativa a la realidad
sexual del inconsciente implica poner de relieve el impasse lógico
que supone el objeto a (y su necesaria articulación al sujeto dividido)
como aquello a lo que no puede atribuírsele ninguna predicación.
Para trabajar este impasse y formalizar la experiencia deberá considerarse
una lógica de la modalidad que, intensional, funde lo extensional,
lógica de predicados insoslayable.
En razón de esta dificultad Lacan trata esta cuestión de
la existencia, y, reiteramos, en una lógica lo más próxima
a la gramática, en relación a los cuantificadores, de los
que aclara, de entrada, que son intraducibles en el lenguaje. El cuantificador
existencial convendrá al analista, allí donde la lógica,
en tanto operación de escritura, hará eficiencia de la carencia
que implica su intraducibilidad . El analista operando en tanto que objeto
a deberá considerarse como predicado (para la lógica la
formulación cuantificacional considerada como expresión
modal constituye el predicado principal de la oración y resulta
extrínseca al resto de la misma, resto que, en tanto claúsula
subordinada constituye el sujeto de la oración modal.) y, sólo
así, desde su posición necesaria o su acto contingente,
el sujeto será localizado.
letra, Institución Psicoanalítica
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