La Fascinación del Sujeto en el Punto de su Captura en el Goce del Otro

CARVALHO Maria José


Un hilo para tejer. Un hilo que teje, producido por el contexto. Un hilo raro y único, cuya punta tiene un momento de aparecimiento y sigue desarrollándose, alimentado por el contexto.
La punta del hilo aparece para los seres hablantes en un exacto momento, que coincide con la entrada traumática del significante para cada sujeto. Esta entrada traumática tiene sus singularidades, según el contexto del sujeto, según su historia.
Reanudaré la singularidad de Serguei Constantinovich Pankejeff, por lo que pude extraer del trabajo de Sigmund Freud, con la relectura de Jacques Lacan, en los puntos que paso a enfocar.
En tierna edad (seis meses - un año y medio), Serguei presencia la cópula a tergo de sus padres. La visión del niño delante de esta "escena primaria" no puede ser traducida en palabras. El observador - estático, ojo en la escena, enfocando los órganos genitales - es tomado por sensaciones. E, inmediatamente después, un congelamiento de la escena y de las sensaciones.
El niño, afectado por lo que ve, capturado en esta escena, queda con una marca primitiva, que, por el efecto de la represión, se vuelve el núcleo de lo traumático, que insiste o que busca una significación a posteriori.
Esta escena del coito de la pareja parental repercutió, para este niño, en una doble identificación: no sólo una identificación con el padre, sino también una identificación con la madre.
La postura de sus padres, durante la escena, va a seguir determinando, por toda su vida, su goce en relación al deseo sexual.
En 1910, cuando Serguei busca a Freud, una de las cuestiones, para Freud, era elucidar la naturaleza del trauma. Las evidencias clínicas indicaban en el trauma una ambigüedad, puesto que el lado fantasmático es mucho más importante que el del evento, aunque la reconstrucción de la historia, en su singularidad, sea esencial, porque va a permitir definir lo que cuenta para el sujeto.
A los cuatro años de edad, Serguei tuvo un sueño con lobos y, desde este sueño, empieza a resignificar la escena que había presenciado (con seis meses - un año y medio). La importancia de este sueño es tan grande que nombra este análisis: "El Hombre de los Lobos".
¿Qué muestra este sueño?
La ventana se abre, bruscamente, formando un cuadro, aparece un árbol, con cinco lobos distribuídos por sobre sus ramas. Desde pequeño, veía figuras de lobos en los grabados, principalmente cuando su hermana quería ponerle miedo. Algo familiar / extraño (heimlich / unheimlich) le causa angustia, angustia de castración.
Es en el campo del ojo que se presenta el primer encuentro con la presencia fálica, es decir, lo que se denomina la "escena primaria". El falo está presente, visible bajo la forma del funcionamiento del pene. En la evocación de la realidad de la forma fantasmática de la escena primaria, lo que impresiona es siempre alguna ambigüedad, que respecta a esta presencia fálica.
Los lobos, como en palos de gallinero, miran al sujeto fijamente, en esta reflexión, que la imagen soporta, de una catatonia. Catatonia no es sino aquella misma del sujeto, del niño enhechizado, fascinado por lo que ve, paralizado por esta fascinación, entrelazada en su propia excitación, en su propio goce. En este goce, que traspasa toda observación posible, por parte del sujeto, el sujeto no es sino erección, en esta toma que lo hace falo, lo deja rígido, lo arboriza.
En presencia de esta escena, el sujeto se hace lobo, mirando, y se hace cinco lobos, mirando. En esta noche, lo que se le abre súbitamente es el retorno de lo que él es, esencialmente, en el fantasma fundamental.
La propia escena de que se trata está velada. De lo que ve, no emerge más que esta V, en las alas de mariposa, de las piernas abiertas de su madre, o la V romana de la hora del reloj, las cinco horas del verano caluroso, hora en que parece haber ocurrido el encuentro del sujeto con lo traumático del lenguaje, en cuanto realidad sexual del inconsciente.
Esa V puede entrar como número, a menudo, haciendo equivalentes los significantes y organizando el tiempo con característica de frecuencia. Sin embargo, si los significantes son equivalentes, no hay separación significante, no hay intervención del tiempo entre S1 y S2 y, sin intervención del tiempo, no hay emergencia del sujeto del inconsciente. Tampoco hay caída del objeto y, por no haber caída del objeto, no hay posibilidad de nombramiento. El tiempo se vuelve infinito, porque no hay comienzo que nombre. Hay un tiempo sin comienzo, una frecuencia: dificultad que este sujeto encontró en su análisis, en términos de su constitución por el significante, puesto que no cambió su posición en relación al goce, mantuvo la posición de abolir simbólicamente la castración.
De la escena, lo importante es que lo que ve en su fantasma es realmente $, en cuanto corte de a: los a son lobos. No es sólo que el sujeto sea fascinado por la mirada de estos lobos sobre el árbol, es que la mirada fascinada de los lobos es el propio sujeto. Los números en cuestión - seis, siete lobos, en el dibujo, cinco, el sujeto que se hace lobo, mirando, y cinco lobos, mirando - apuntan para el objeto a, que, mientras marca la temporalidad inaugural del inconsciente, es numérico, no se alcanza por metáforas y metonímias.
En el seminario "La identificación", Jacques Lacan afirma que "La función de este objeto está ligada a la relación por donde el sujeto se constituye, en su relación al lugar del Otro, con la "O" mayúscula, que es el lugar donde se ordena la realidad del significante. Es en el punto, en el cual toda significancia falta, se abole, en este punto nodal, llamado el deseo del Otro, en el punto llamado fálico, a medida que significa la abolición, como tal, de toda significancia, es que el objeto a, objeto de la castración, viene a tomar su lugar".
Este sueño es central en el análisis de "El Hombre de los Lobos" y ocurrió antes de su cuarto cumpleaños. Adquiere todo su valor, por repetirse varias veces en su niñez. La "escena primitiva" es reconstruída a través de los entrecruzamientos significantes, que van surgiendo a lo largo del análisis.
Es oportuno, para concluir, la cita de Isabel Martins Considera, en "De que se trata en un análisis": "El sujeto del inconsciente sólo se constituye al dividirse en relación a aquello que lo causa, ya que aquello que determina su deseo le escapa. Le escapa su determinación en el campo del lenguaje, en el campo del Otro, le escapa cuán afectado está, en cuanto ser hablante. Por esto, necesita constituirse en un análisis".


(de la Práxis Lacaniana / Formação em Escola - Niterói - Rio de Janeiro - Brasil)