UNA APROXIMACION A LA CUESTION DE DIOS EN FREUD Y EN LACAN BERCOVICH Miriam Este trabajo es un intento de formalizar algunas coordenadas posibles en torno a la diferencia que se plantea en relación a la idea de Dios que habita la obra de Freud y de Lacan. Una aproximación al Dios de Freud y al Dios de Lacan que no parecen ser el mismo. Este escrito surge a partir de la lectura del seminario 22, RSI, dictado por Lacan en el año 74 - 75. En la clase del 17-12-74, Lacan nos dice:" Para fijar las cosas que llamamos ideas y que de ningún modo son ideas, para fijar las cosas ahí donde merecen ser fijadas es decir, en la lógica " y continúa "Freud no cree en Dios, porque opera en su línea " A partir de este párrafo podemos pensar dos cuestiones, que en realidad van a ser articuladas . Por un lado el lugar de la lógica, como aquella instancia donde se fijarán las cosas que merecen ser fijadas, nos dice Lacan. La lógica como escritura que permitirá una transmisión de aquello que precipita como grano de verdad. Es en la lógica donde precipita el saber que se constituirá en transmisión . La lógica como escritura que aloja el sedimento de una verdad, verdad que es discursiva, que habita el lenguaje y toma vida en la lógica porque es desde allí que se reproduce, la reproducción es una de las condiciones necesarias de aquello que definimos como vivo, la reproducción en nuestro campo es la transmisión. Fijar las cosas en la lógica es asegurar su transmisión , es producir efectos de sentido, es decir tocar lo real, si coincidimos con lo que Lacan nos dice cuando afirma que lo propio del sentido es que se nombra algo. Darle a Dios un lugar en la lógica del psicoanálisis es propiciar el retorno de Dios a su origen, el campo de lo Real, sustrayéndole la referencia al padre en que se apoya toda religiosidad. La afirmación "los dioses son de lo real" , anticipa la formulación "Dios es inconciente", planteada en el seminario de Los cuatro conceptos. En estos términos es que hablará de Dios. Lacan se referirá a Dios en términos lógicos, no religiosos. Quiere darle a Dios un lugar en la lógica del psicoanálisis. Dice de Freud que por no creer en Dios es que termina operando en su línea. Freud se dice ateo, tambien se dice judío. El ateísmo de Freud no lo libera de Dios. Aún el ateísmo de Freud, es una posición religiosa. Dios existe-Dios no existe son la misma formulación lógica, nos deja atrapados en un binomio sin salida. La sin salida de las últimas palabras que pretenden totalizar el sentido. Para Lacan Dios ex - siste, ese término heideggeriano que alude a la existencia, pero que a su vez es fragmentada con un guión, guión que también podemos pensar como barra, con toda la lógica que ella porta. La etimología nos dice que proviene de la partícula ex, que significa por fuera de, y sistere, que significa sostener, sostener desde fuera. El concepto de ex - sistencia será el organizador de toda la lógica del nudo. En este sentido lo ex - sistente será aquello que, quedando por fuera, sostiene, aquello que por ex -sistir hará consistir. Algo se sostiene al precio de una pérdida, pérdida que a su vez deberá ser registrable. La exclusión funda la existencia. Es la misma lógica que recorre los textos de Freud. El padre primordial en relación a la ley, Moisés al pueblo judío, la luz a la sombra. Deberá excluirse al padre de la horda, el padre del goce ilimitado para que advenga el padre de la ley. Deberá el conductor del pueblo de Israel quedar fuera de la tierra prometida. Deberá Moisés fundador del pueblo judío, pertenecer al pueblo egipcio. Siempre una exclusión será, en tanto tal, condición de toda consistencia posible. Consistencia que a su vez porta en su seno esa pérdida, por lo cual será una consistencia agujereada, incompleta, anudada en la lógica borromeica. Para Lacan Dios ex - siste, en el sentido de ser aquello que queda excluído,
una exterioridad que podemos nombrar extimidad, apelando al neologismo
empleado en el seminario de La Etica en relación a Das Ding. Rompiendo
así con la geometría de la bolsa de Freud, geometría
de la bolsa con su fondo, su exterior e interior que Lacan denuncia como
una complicación en cierta lectura posible y desviada del Freud
al que quiere retornar. Dice Lacan en la clase del 11-3-75, refiriéndose al nudo, que
hay una manera de anudar las tres cuerdas, lo que anuda es el nombre del
Padre. " El nombre del Padre que yo reduzco a su función más
radical que es dar un nombre a las cosas, con todas las consecuencias
que eso comporta, particularmente en el gozar." Para Freud Dios es padre. En las distintas formas y en los diferentes tiempos del desarrollo del psicoanálisis Freud nunca abandonó la intima relación de Dios con la noción de padre. En su artículo "Moisés y la religión monoteísta" despliega esta cuestión, Moisés fundador del pueblo de Israel trae, encarna, la palabra de Dios, toma al pueblo judío y lo proclama hijo dilecto. Con las consecuencias atroces que conlleva ser el hijo dilecto del padre, el odio fraticida por un lado, y la sumisión extrema a cambio de tan codiciado lugar de privilegio. La historia de los judíos, que es en parte la historia de su persecución y exterminio, da testimonio de esto. Dios es padre, a veces ilusión de un amparo absoluto, otras, amenaza
de castigo absoluto. Un Dios que pronuncia lo que desea de su hijo: lealtad
absoluta a su ley. Un padre que enteramente jugado en lo simbólico,
exige una renuncia pulsional tal que prohibe toda representación,
toda idea sensible más acá o más allá de lo
cifrado en su ley. En Lacan la noción misma de padre está agujereada. El Nombre del Padre será ese lugar Otro, lugar de la palabra y en tanto que palabra, esencialmente preñada de una falta. El Dios de Lacan toma como central, rescata fuertemente lo que Freud subraya, aunque sin concluir, que es allí donde se juega lo esencial de la idea de Dios, es decir, su irrepresetabilidad. Para Lacan la cuestión de Dios y su formulación lógica se centra en lo innominable que a su vez dará lugar a toda nominación posible. En Freud, Dios es consistencia paterna, consistencia del padre, que tiene
como consecuencia en la clínica, la pregunta del propio Freud por
la finalización del tratamiento analítico. Un padre consistente
es una suposición de saber que no se disuelve. Una suposición
de saber que resiste todo intento de disolución. ¿Qué es un padre? Ningún sujeto lo sabe, el desamparo originario en todas sus vertientes, como desamparo del cachorro humano ante la supervivencia, indefensión ante la inmersión en el Otro de la lengua, imposibilidad de sustraerse a la marca constitutiva de lo Urverdrangt. Ningún sujeto sabe qué es un padre, es la propia indefensión originaria, lo que nutrirá esa eterna referencia al padre. Referencia que nadie encarna más allá de la mitología. Todo sujeto está en posición de hijo y aún, analizado hasta el final no hay chance de ser padre, tan sólo la experiencia de que se trata de un lugar imposible. Imposibilidad que en tanto tal, deberá ser diferenciada en el transcurso de la cura misma, de la impotencia. Imposibilidad lógica que al acceder a la escritura permitirá al propio sujeto ya, "no operar en su línea". Será por eso, tal vez que las palabras "¿Padre, no ves que ardo?" siempre tan impactantes, tan conmovedoras, toquen esta verdad: la eterna llamada ardiente al padre. Un padre que no escucha, que no ve, que abandonó el lugar donde yace el niño muerto, que en una habitación contigua descansa sumergido en sus propios sueños, dejando al niño, con otro , un viejo con canas que también sucumbe a sus sueños. Duplicación paterna que abarca dos generaciones, esa genealogía que alude a lo que Freud señalaba como marcas constitutivas de un sujeto: al menos dos generaciones. F. Regnault, en su libro "Dios es inconciente", relaciona el "Padre, no ves que ardo?" con el "Helí, Helí, lama sabactaní?", las palabras en hebreo de Cristo crucificado: Señor, por qué me has abandonado? Lacan se propone hacer un clivaje entre Dios y el padre, justamente para no "operar en su línea", es decir para introducir algo diferente en la operatoria freudiana. Entonces afirma con un estilo que alude a la fórmula de Nietzsche, pero ya no, Dios ha muerto, sino Dios es inconciente. En la separación entre Dios y el padre, Lacan intenta definitivamente retornar al ámbito de lo real a este Dios que extraviado se ha sustraído a su propio origen:" los dioses son de lo real". Dios es el inconciente en tanto que marca de una pérdida, Dios
ex - siste, existencia que nombra la exclusión fundante, rompiendo
definitivamente la lógica de lo interno y lo externo, dirá
extimidad en relación a Das Ding, donde podemos intuir allí
un anticipo de este desarrollo. "No operar en su línea", es cercar, bordear, cernir su lógica, es hacerlo escritura, cifra que sin ser ella misma revelada ofrecerá todo el cifrado. Hiancia que se ofrece a toda proliferación de sentido. Ex - sistencia que dará lugar a toda consistencia. También en RSI Lacan habla de la mujer, al ser ella no toda significada
por el falo, al no responder totalmente a la ley del falo, se encuentra
en cierta medida más apta para relacionarse con el inconciente.
Y nos invita a creer en ella, una vez más como en Freud, es la
mujer quien le señala una salida.
Bibliografía: S.Freud, Moisés y la religión monoteísta. |